Desde Allá: lo que se cuenta con sencillez

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Los Dioses son justos, y de nuestros vicios placenteros hacen instrumentos con que atormentarnos.
William Shakespeare, El rey Lear, acto V, escena 3.

 

Presentación

Nuestro cuarto invitado a Actos Diversos es Juan Muñoz-Tébar, escritor y guionista. Licenciado en Letras (Universidad Central de Venezuela) con Master en Documental Creativo (Universidad Autónoma de Barcelona), ha sido editor en el Banco del Libro, libretista de humor en radio y televisión, guionista de documentales, investigador en el Departamento de Filología Española de la Universidad Autónoma de Barcelona y profesor de cine documental para niños. Actualmente trabaja como realizador y guionista de videos científicos en una editorial digital, y por las noches escribe una novela.

 

Para esta entrega, Juan realiza una lectura de la película Desde allá de Lorenzo Vigas, que se estrenará en Venezuela y el resto de Latinoamérica en 2016. En el texto -que no delata dato alguno que amenace la curiosidad de quienes no la hemos visto- se presiente que la cinta se arma y se desarma dentro de un complejo tejido de acciones y reivindicaciones desde la precariedad, el dinero, la dependencia, el deseo, la violencia y el amor. Intuimos que, como parte del cuerpo social, estamos expuestos a los demás y a la vez estamos movidos por las pulsiones incontrolables que vienen desde allá, de ese lejano interior que convoca amor y muerte, vulnerabilidad.

 

Nathalia Manzo

 

 

Desde allá: lo que se cuenta con sencillez

 

Las emociones no son tontas. La honestidad no es grosera. El silencio no es egoísta. La amistad no es traidora. La rabia no es legislable. Desde allá, la película de Lorenzo Vigas, es un retrato de obviedades y contradicciones que se evaporan con demasiada rapidez en Venezuela. Nos resulta normal que las cosas evidentes pierdan peso al ser sobredramatizadas, que sean pasto de telenovelas por tradición audiovisual y que, nos guste o no, siempre sepamos que alguien está triste porque lo anuncia: estoy triste (y encima, llora). Desde allá, en cambio, apunta hacia otro lado. Mira de frente a la intimidad vaciándola de explicaciones y cuenta una historia de amor urgente, sin aspavientos ni imposturas. Un relato sencillo que refleja el presente del país y sugiere que en muchos aspectos Venezuela no cambia, pues hasta ahora sólo sabe exagerarse a sí misma.

 

El director Lorenzo Vigas no descubre ni pretende descubrir el agua tibia, y sin embargo, su película Desde allá cuenta la historia de dos personas que abren todos los grifos a ver qué pasa. Tiene un guión impecable y un final con fundido a blanco que se agradece a la hora de verle la cara a los otros espectadores. Gente inmóvil, con los ojos muy abiertos y la boca cerrada como si acabasen de leer un soneto bien escrito: no le sobra ni le falta nada, los artificios tienen sentido, el ritmo es despiadado y cada elemento –incluyendo las emociones– está en su lugar.

 

© Alexandra Bas
© Alexandra Bas.

Al igual que cualquier película venezolana, es hija de los mandamientos de la vida nacional, donde la economía y la inseguridad imponen reglas duras y reales (por ejemplo, los presupuestos deben actualizarse cada día al finalizar el rodaje, inflación dixit). En Desde allá el azar y la necesidad venezolanos se respiran de principio a fin, empujan el metraje y le otorgan una fuerza kamikaze. Se siente que Vigas apostó cuanto tenía, saltó al vacío y contra todo pronóstico, se ha levantado con el cráneo intacto. Porque, la verdad, es que ha podido meterse un buen coñazo, sobre todo, tomando en cuenta que es su ópera prima y que es una película de actores. Con esto quiero decir que no basta con tener un buen guión asesorado por Guillermo Arriaga y muchas ganas de hacerlo bien, cuando tu película está basada en el equilibrio y la tensión entre dos actores. El casting y la calidad de los intérpretes son importantísimos, claro, pero dirigirlos bien es vital y marca la diferencia entre un bodrio de autor y una tragedia bien contada. Vigas, discreto y sin concesiones, le arranca las entrañas a sus actores y los pone a hacer magia sin pirotecnia. Así que, sorpresa, hallazgo o llámenlo como quieran, estamos ante un director novel que sabe dirigir y que asume el riesgo de contar una historia muy incómoda.

 

© Alexandra Bas
© Alexandra Bas.

El argumento de Desde allá ya fue explicado, o más bien, destripado hasta el cansancio por los medios de comunicación que cubrieron el Festival de Venecia, donde ganó El León de Oro, o en el Festival de La Habana, donde acaba de ganar el Premio Coral a la Mejor Ópera Prima. Leyendo a la carrera, uno puede enterarse de que la película, ambientada en Caracas, trata sobre la relación homosexual entre un hombre maduro de clase media alta (Armando) y un joven delincuente (Elder) que no tiene dónde caerse muerto. Dicha relación, que empieza motivada por la perversión, la violencia y el dinero, termina dando paso al amor y a una extraña compañía… Es decir, que hay algo de fábula moderna, pero con un desenlace tan real y descarnado que asfixia la moraleja. La película, que renuncia a cualquier tipo de sordidez, no aspira a dar lecciones a nadie. Sin más, no hay buenos ni malos en una sociedad podrida.

 

El curtido actor chileno Alfredo Castro dio el salto hasta Caracas para interpretar a Armando, un artesano acomodado e insignificante que trabaja haciendo prótesis dentales. Invisible, se mueve a plena luz del día como si caminara en la oscuridad. El mundo exterior es para Armando un gran desenfoque (buen trabajo de Sergio Armstrong, director de fotografía) del que puede obtener adolescentes a cambio de dinero. Armando les paga para que se desnuden frente a él y así sentir, durante un rato, que su cuerpo inmaterial existe y es tangible. Alfredo Castro se mete sin contratiempos en la piel de este huérfano afectivo de cincuenta años: contenido en la desesperación, tan frágil, ajeno y repulsivo, que si no se ahoga en su propia sombra es gracias a la rabia y la monotonía. Un ser traumado y lleno de rencor hacia su padre, con un pasado tenebroso que no necesita explicarse y que recuerda a una frase de Oscar Wilde: “Nadie sabe cuáles son los pecados de Dorian Gray. Quien los adivina, los ha cometido”. Y a pesar de todo esto, en la película no se nos presenta a Armando como a un hombre raro o especial. Más bien, es alguien que puede estar cerca. Un vecino silencioso y bien afeitado, que da los buenos días y sale a la calle horrorizado y convencido de que sólo la violencia le cambiará la vida.

 

© Alexandra Bas
© Alexandra Bas.

Y la violencia caraqueña le responde con Elder, interpretado por el venezolano Luis Silva. Si quieren ver a un malandro que se humaniza sin traicionarse y sin caer en el ridículo, capaz de mostrar una fuerza y una fragilidad insospechadas, aquí lo tienen. El hasta ahora desconocido Luis Silva ha sido premiado con justicia en los festivales de Biarritz y San Sebastián, y no sólo porque le aguanta el tipo a un gran Alfredo Castro. Silva ignora el vértigo y se pasea como un gato al borde del abismo. Su actuación es apasionante y veraz, y su presencia en la pantalla es tan arrebatadora que termina devorando la película entera. Elder es el líder de una banda de delincuentes que no pierde la oportunidad de partirle la cara a Armando. Un chico pobre que conoce a un hombre rico y que nunca se plantea ser la cenicienta. Su vida se reduce a la supervivencia y por tanto, a instrumentalizar a gente como Armando. Así que no hay promesas ni hermosas declaraciones, ni siquiera hay un romance al uso. Tampoco hay autocomplacencia al retratar las clases sociales ni la homosexualidad. Simplemente, la historia va llevando a Elder y Armando a compartir cicatrices y a reconocer en el otro las mismas carencias afectivas. Se van amando y claro, un amor basado en las carencias es, casi por definición, incompleto y destructivo.

 

© Alexandra Bas
© Alexandra Bas.

Por último, me gustaría destacar que Desde allá no tiene banda sonora (no se dejen engañar por el trailer). La ausencia de música incidental y el magnífico trabajo con el sonido viste a la película de verosimilitud, y además, hace que muchas de sus imperfecciones tengan alma. Se escucha a la gente, a los pájaros y a las motos pasar. Y también se oye el silencio, el miedo y las ganas de vivir. En esta película, repito, todo está en su lugar. Así que con calma y apuro Caracas suena a Caracas, ininterrumpida y salvaje como siempre ha sido y será.

 

© Alexandra Bas
© Alexandra Bas.
© Alexandra Bas
© Alexandra Bas.
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