The Heart Is Not a Metaphor, de Robert Gober

Vivir en una ciudad como Nueva York es hacer una maestría visual. Al habitarla, me he propuesto ver lo bueno, lo malo, lo mediocre y lo magistral. Esta es mi manera de compartir el conocimiento que estoy adquiriendo. Explayo entonces mi cuaderno de apuntes. Mi corral de imágenes. Mi recuento. Lo que comparto tiene que ver con mi afán de hacer una bitácora de mi estudio del cuerpo, literal o metafóricamente.

 

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The Heart Is Not a Metaphor es una exposición de arte corporal que tomó 13 galerías del MoMA y que comprendió una retrospectiva de los 40 años de carrera de Gober. Por supuesto, estaba totalmente prohibido tomar fotos en esta sala. Es importante admitir, también, que hay ciertas cosas imposibles de narrar.

 

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Robert Gober pasea al espectador por toda la historia del arte moderno y contemporáneo, desde los dadaístas y los surrealistas hasta el minimalismo y el conceptualismo. Gober sostiene una poética de los objetos, te lleva visualmente por momentos del arte donde empieza la mentalidad moderna: la conceptualización de los objetos que se origina en el estudio de Marcel Duchamp, los dadaístas y los surrealistas, y continúa hasta el minimalismo y el conceptualismo. Encuentro muy cercanos el urinario de Duchamp y el fregadero de Robert Gober, una serie que empezó en 1984 y que fue su respuesta a la peor época de la epidemia del sida.

 

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La resonancia del humor. Las piezas que lo contienen te desarman, pues posterior a la risa viene el pensamiento y el repensar los objetos. Pasearse por esta muestra organizada por Ann Temkin es un viaje psicológico emocional. En esta instalación viajas hacia una realidad donde la fuente es un lavamanos. El viaje es corporal y psicológico en una pieza

 

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El medio es plural, Gober utiliza tanto pintura, como la instalación y la escultura. Gober es como un Jeff Koons pero hecho a mano. El papel tapiz en la exhibición está pintado a mano, a diferencia de la manera industrial con que opera Koons. Gober es un artesano, no delega al modo de Jeff Koons. Ambos son artistas norteamericanos contemporános, pero Gober es el Jeff Koons del otro lado.

 

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El empaque de comida de gato está hecho a mano letra a letra. Ese papel no está impreso, no hay tecnología. Esto entra en paradigma con el artista contemporáneo que delega la ejecución de alguna parte de su obra, pues todo está en la idea y no en la forma. No hablo con prejuicios ante quienes trabajan de esta forma, pero Gober vuelve al constructor, al oficio medieval escultórico.

 

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El elemento onírico es recurrente, así como el cuestionamiento del género. La suya es en suma una obra con sensibilidad homosexual. El lavabo con agua corriendo es una metáfora de la liberación sexual.

 

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Hay metáforas que te encauzan hacia un viaje imaginativo. El bosque idílico, lo sonidos del agua cayendo, el frío (porque ahí parece que no hay calefacción). Todo te lleva a esa sensación de humedad donde el espectador entra en la experiencia. Esta es una muestra experiencial.

 

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Para esta exposición, Gober le abrió dos huecos al MoMA. Le hizo unas troneras al piso de una de las instituciones de arte más importantes del mundo. El primero que ves en el recorrido es la maleta medio abierta que al ver con detalle notas una la gruta por debajo, que es, según mi lectura, una metáfora del inconsciente. Dentro de esa maleta, hay toda una historia. El otro agujero fue hecho para un Cristo de cuyos senos brotan dos aguas.

 

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Una de mis piezas favoritas es aquella en la que tienes que asomarte por las hendijas de una puerta entreabierta para hurgar el interior de dos baños, cada uno con un lector en una tina donde el agua corre incesantemente. Esta instalación es sensual e íntima, provoca la sensación de estar usurpando la intimidad de un otro que a su vez te está convocando a su acto de limpieza, un acto que pareciera así perdonar la usurpación. La obra de Robert Gober también alude a la constante guerra humana contra la mugre, con sus muñecos hechos de cera y pelo humano.

 

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Esta exposición me hizo sentir muchas cosas. No solo te hace pensar, te traslada a un momento íntimo emocional como el poeta que te lleva de la mano hacia tus propias emociones… Su maestría de hacer objetos emocionales me conmovió mucho porque como yo siempre hago objeto, estos se hacen metáfora y conducen a la emoción. Existen físicamente y te llevan a la abstracción. Gober tiene esta destreza. Van Gogh decía que tenía una obsesión: “que los objetos fueran otros”.

 

 

Sobre la autora:

Deborah Castillo es una artista venezolana dedicada a las artes de la performance y la escultura. Actualmente reside y trabaja en la ciudad de Nueva York.

 

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