Una nota sobre Wilkins

© Diana Rangel.

Hace unos meses publicamos «Wilmes y el mar«, un texto donde Diana Rangel nos cuenta sobre el proceso creativo de Voces de un lugar imposible. El proyecto combina la psicología clínica con la fotografía y su finalidad es comprender la realidad de los jóvenes venezolanos sumidos en un contexto de violencia. Wilmes, un joven del barrio La Dolorita, fue el protagonista de su trabajo. Ella le daba una cámara para que retratara su cotidianidad y luego se la regresaba. Diana volvía al barrio con las fotos reveladas, una grabadora y una serie de preguntas para indagar en Wilmes su cosmovisión desde las imágenes que él había tomado.

 

El joven no faltaba a los encuentros en los que a veces excusaba su aliento a licor. Hablaba sobre su circunstancia con honestidad descarnada, como inmune al miedo: «el barrio para mí es falsedad». Supervivencia era una palabra que tenía a la mano para referirse a La Dolorita. En sus comentarios dejaba asomar nostalgia por un lugar sereno. Es probable que Wilmes haya tenido un pasado oscuro y que tuviese enemigos, pero había empezado a trabajar como obrero para salir adelante.

 

A principios de junio, cuando Diana se encontraba terminando sus estudios graduados en el exterior, un amigo del barrio le escribe «Le dieron muerte a Wilkins». Wilkins, a quien antes nos referíamos como «Wilmes» para protegerlo, había sido víctima de una banda de muchachos. Su asesinato no se trató de una «culebra» (venganza, en el argot callejero), los culpables buscaban ganarse respeto en el barrio. La reacción de Diana fue llamar a otros para que se calmaran: «¿Tú no querías estudiar violencia, pues? Ahí la tienes. Te mataron a un pana. ¿Ahora no tienes ganas de agarrar una pistola y matar al asesino?».

 

Los riesgos que Diana Rangel asumió para el desarrollo de Voces de un lugar imposible eran muy altos y consabidos, pero tras esas frases al teléfono, ella reflexionó sobre la violencia desde la pérdida: «La impotencia de ver cómo asesinan a alguien cercano a tu vida, creo que es una de las sensaciones de vacío más extrañas que he tenido. Wilkins era el centro y eje de mi trabajo, con el que más hablé y uno de los más comprometidos. No tenerlo alrededor, entender que ya no existe y que fue tan rápida su partida, ha sido bastante duro».

 

Era inevitable sentirlo cercano porque en sus fotos había una gran carga de verdad íntima. En su testimonio podemos leer el deseo de estar tranquilo. Se trataba de un chamo que quería salir de donde estaba metido. El acto de captar su realidad, detenerla en el tiempo, observarla desde el papel fotográfico y conversarla con Diana le permitieron un ejercicio de autorreflexión y posible calma.

 

Backroom Caracas lamenta profundamente la partida de Wilkins y afianza su apoyo ante proyectos como estos de quienes intentan esquivar las esquinas cortantes de la realidad venezolana.

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